Marché, marchamos y marcharemos
El pasado domingo 29 de junio, después de 12 años de ausencia en la cobertura de la llamada, a lo tico: Marcha de la Diversidad, Quince UCR me encomendó salir a la calle a darle voz y cámara a la manifestación. Tras estos años sin asistir como testigos audiovisuales y después de tantas décadas de lucha, con evidentes avances, surge la pregunta: ¿cuál es la importancia de volver a darle registro a esta marcha? Una marcha que hoy se trasviste de moda y de fiesta.
La respuesta, desde la raíz, debe ser la comunidad. Nos unen puntos comunes: historias de rechazo y abandono, vidas llenas de soledad y falta de oportunidades. Son varios los pesares que cargamos todos aquellos que formamos parte de este acrónimo postmodernista LGBTQ+. Sin embargo, ahí radica justamente nuestra intersección, donde nos topamos: en la carga, una que pasadas las décadas logramos convertir en lucha, resistencia, valentía y empatía, pero sobre todo en orgullo.
Hoy el orgullo es marca registrada por municipios y empresas para lucrar, para casarnos y darnos caza, pero, ahora, como target; somos mercancía, VIPs por un mes al año y potenciales por los restantes 11 meses.
La dicotomía: acceso a medicinas preventivas (PrEP) contra el desabastecimiento de retrovirales. Las hermanas trans además de vulnerables, expuestas, como moneda de cambio para el populismo y el miedo a la otredad. Hay mucho por qué marchar: los que ya son adultos mayores y la niñez diversa, en el presente marchamos por el pasado y por el futuro por igual.
Ahora que hay tantos “justos” sentados en curules y que pareciera que como dijo la presidenta electa: “el país ya está, gracias a Dios, al día” en estos temas, ahora es donde más fuerte debemos militar porque la lucha nunca acaba. Empezamos a marchar junto a sindicatos y obreros, junto a las feministas y las comunidades racializadas y ese lugar también es el lugar de la UCR.


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