Maestro
Carlos Antonio Freer Valle fue un maestro, de quien aprendimos más que a producir audiovisuales: don Carlos fue un padre cariñoso, un faro moral, pero ante todo un maestro de vida.
Ya en la cumbre de su carrera, aceptó el reto de profesionalizar al canal universitario y sembrar la semilla que lo convertiría en un canal de alcance nacional. Con alma de profesor y tanta pasión por la imagen en movimiento, tenía la facilidad de emocionarnos por el trabajo y creer en nuestro potencial con apenas una primera impresión.
Cientos de jóvenes pasaron por el Canal en sus ocho años de gestión, pero muchos más en las décadas de trabajo en la Escuela de Estudios Generales como profesor de Apreciación de cine.
Decenas de cineastas trabajaron de su mano para forjar lo que hoy conocemos como Centro de Cine. Cuántos oyentes en todo Centroamérica aprendieron algo nuevo cada día con sus guiones en el programa Escuela para todos del Instituto Centroamericano de Extensión de la Cultura y cuántos más desde el Centro Gandhi de la Universidad para la Paz y el Canal 13 en el Sinart.
El legado de don Carlos trasciende tiempo y espacio. Las películas que creó hace cinco décadas siguen vigentes hoy, las paredes que ayudó a levantar aún son testigos de las lecciones que nos entregó: él nos enseñó que el audiovisual es un trabajo en equipo.
Tres días antes de su muerte, justo en una actividad para celebrar su vida, don Carlos nos habló de lo satisfecho que estaba con su existencia y con el privilegio de haber vivido tantos años para vernos crecer.
En las imágenes en movimiento y en nuestro recuerdo don Carlos siempre estará vivo, preservar el audiovisual costarricense y seguir contando nuestras historias es la mejor forma de honrar su memoria.
Hay una frase de un autor desconocido que deseo recordar “desde que se inventó el cine, la muerte ya no es un hecho definitivo”. Gracias, maestro.


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